3/22/2008

Estoy seguro de que la vida es un milagro. Un maravilloso milagro que cada cual debe elegir cómo aprovecharlo. Abrázame, y libera todas las tormentas que están fraguándose en tus adentros; da rienda suelta a los terremotos de duda y temor que te sacuden, dejándote sollozando, triste y sola. Pero no creas que así es, porque tienes mi pecho y te ofrezco mis brazos.

Quiero que temas, y que superes tu miedo. Porque la vida es lo que es, y cada cual es lo que hace con ésta. Tienes que luchar, debes estar siempre convencida de que el esfuerzo es la sustancia mágica de la que no podrás prescindir nunca. O mejor dicho de la que no deberás prescindir. No escatimes cuando te entregues al amor, ni te lamentes cuando éste acabe.

Siente con toda tu fuerza, con todos tus órganos, y no olvides que igual que hoy lloras, mañana reirás. Porque los valientes están ahí, porque los que no se rinden siempre se levantan, y sus siluetas se recortan siempre contra el cielo de un nuevo atardecer, de un amanecer reluciente y puro. No huyas del dolor, ni lo evites. Afróntalo cara a cara, y míralo con respeto desde tus preciosos ojos. Asómate a él y dile que estás aquí, que te ha encontrado, pero que no te va a ver correr.

No le des la espalda, ni dejes que te engañe. Tienes que saborearlo para comprenderte, para conocerte, para apreciar lo magnífico de la calma, del instante posterior al fragor de la batalla. Es como la situación previa a la tormenta. Ese silencio relajado, que se olvida del tiempo y se alimenta a sí mismo. Todo está sumido en quietud, y después, de súbito, un trueno. Luego lluvia.

Una lluvia que purifica las heridas de la tierra, que sacia la sed de los árboles y refresca las alas de los pájaros. Como la que salta de la línea de tus pestañas y templa tus mejillas, salando tus labios, y enrojeciéndote la nariz. La lluvia, como todo, tiene siempre dos caras. E incluso más.

Pero eso solo lo descubrirás por ti misma si quieres hacerlo, si te decides a plantar cara y a no guardar rencor, a no escudarte en el victimismo. Porque la vida, de nuevo, también es lluvia. También es ese silencio previo a la tormenta, por supuesto que es trueno. Así que, pequeña, no te engañes llamándola cruel e injusta, porque tú aún vives.

Tú tienes la oportunidad de hacer que sea como quieres. De que tu vida sea tu vida, de nadie más, y de amarla con tanta potencia como de la que seas capaz. Porque está en ti, porque ella te tratará como tú la trates.

Abrázame, Laura. Mi pequeña hermana.

1 comentario:

Laura dijo...

Estoy deseando que llegues a casa para darte un abrazo...

Tus palabras son mágicas...Gracias

Te Quiero Rubo.