2/12/2008

El agua de la ducha estaba muy caliente, rozaba el estar ardiendo, y sentía que a través de mi piel, con el vapor, se escapaban hacia el techo mis pecados. Todos, todos, con el cansancio que se marchaba dentro de las gotas desagüe abajo. El vapor no se ha condensado.

Sigo en ese estado, transportado a un lugar donde soy tan transparente como el aire, inocente. Pienso en que hoy puede ser la noche perfecta, que no estarán violando a nadie en un callejón, que ninguna mujer estará viendo su voluntad y dignidad como sus bragas, reventadas por la brutalidad. Reventadas contra una realidad que se quedará, de cristal, para siempre en sus ojos, apresando sus pupilas en la memoria.

Tal vez sea hoy la noche en la que ninguna navaja raje el cuello de algún desgraciado, al que le ha pillado la mala suerte con la guardia baja, en un callejón oscuro, en alguna plaza alejada de las sábanas en las que quisiera estar, o del núcleo ardiente de esas piernas que descubriría ligeramente, sin romper ninguna prenda.

A lo mejor es hoy, a lo mejor es en esta noche cuando ningún joven libere su imaginación encadenando un poco más sus venas al acero quirúrgico. Mientras un aguijón hipodérmico inocula un veneno que le sabe a gloria.

Sí, ¿por qué no puede ser hoy la noche? Una noche perfecta en la que además podamos pasear sobre las nubes.

3 comentarios:

Tormenta dijo...

quien sabe si, circunstancialmente,habrá existido la noche perfecta, al menos para alguien... nah, no creo.
el cuarto párrafo me ha conmocionado bastante, muy bueno, muy denso.

saludos

Psé dijo...

Para pasear sobre las nubes ya estaba el del cuarto párrafo...

______________ dijo...

Esperanza. Sí, de eso se vive. Me ha gustado el estilo, al principio es un poco etereo pero luego te vas sumergiendo en él.


Un abrazo (flojito todavía),

Pedro.