3/03/2009

Tras el dolor atenuado del cansancio, el detenimiento crucial de la mente y de la creación de ideas, en ese estado casi de éxtasis y con mucho de límbico, se observa la miseria del mundo y la degradación del ser. El hombre, como hombre, se corrompe y como animal se olvida, se olvida de su instinto cuadrúpedo y auténtico, de lo sagrado que tiene lo instintivo, de esa pureza prístina de lo que es y se percibe como es sin filtro alguno.

Tras el cansancio se observa todo desde una perspectiva magnánima, misericorde y comprensiva, que perdona aquello que asimila, y lo asimila todo porque se halla al borde de la extenuación. Los músculos permanecen ateridos y a los párpados solo llegan misivas de sueño con promesas de descanso. Nadie les habla de pesadillas a las pestañas, y las convencen para que se pongan enaguas de arena.

Y en el sueño se desata la vorágine, se desta dura, durísima y clara, en el terror de lo que se esconde en la vigilia. Vuelve con fiereza potenciada, tal vez por el rencor, la degradación del ser y la miseria del mundo. Pero no la miseria del mundo por lo típico, sino por lo mezquino de lo propio, por lo mezquino, sin ir más lejos, de querer atrapar el tiempo en una esfera de cristal con correas de oro. Por negarle a la venganza, en proporcional retribución, su rostro de justicia y condenarla a ella y a los hombres que la sienten en el mismo grado, sin cambiarles la cara, sin atarla a la ley.

Tras el cansancio, como ahora, hasta eso parece leve, dolorosamente leve, pero qué más se puede hacer sino dormir un poco, despertar temblando pero con dignidad y digna valentía si acaso el sueño fue de vorágine, alentarse a uno mismo, sacudirse el letargo de los músculos y el resentimiento de los huesos.

Prometerse algo mejor, luchar por ello, defenderlo a untranza con fe y con corazón en una pasión razonada... Mejor aún en una razón pasional. Hacerlo así y seguir marchando, seguir marchando con el tiempo degradando los tejidos y los órganos, pero haciéndolo bien, libremente, sin estar adheridos a su tic tac de condena por haberlo intentado someter. Y esa es su condena de justicia, no de ley.

¿Y después? Después es una noche como hoy en la que se ha bebido cerveza rubia, fría, escuchando una melancólica canción de desamor y amor profundo al mismo tiempo, de admiración y decepción simultáneas, a la vez que miras un archivo que dice que ya vas por las trescientas locuras volcadas a una inmensidad donde todo es nada, y nada se corrompe.

Donde la eternidad tiene cabida y el cansancio es solo un trance temporal que en verdad se queda en los huesos y músculos y no se extralimita violando los dominios del alma. Donde, también, el valor es auténtico y realmente trasciende.

Ahí, en ese lugar que todos conocen pero que ninguno sabe decir dónde está y que algunos se niegan.

1 comentario:

Soñadora Empedernida dijo...

Y que otros le ponen alas.


03 del 03... Escritor.