3/11/2009

Desgárrame el rostro hundiendo tus manos en el agua, bórrame barriendo el humo del hogar que se interpone. Tan solo deslígame de mí mismo, impúlsame lejos, corta mi carne y triza mi espíritu. Empújame al abismo y observa cómo caigo, obsérvame estremecer al sentir el pozo oscuro calentarse por el aliento de la bestia, contempla cómo yo contemplo las dos joyas que relucen brillantes, son los ojos del miedo.

Agárrame y asfíxiame estrangulando mi sonrisa, anula cualquier forma conocida en mi gesto, ni tan siquiera lo dejes adecuarse a las circunstancias, simplemente volatilízalo, conviérteme más en lo que ya soy, acentúa mi nada.

Camina sobre mi desvencijado cuerpo, recréate en los adentros selváticos y destartalados, inspírame cuando ya vaya desvaneciéndome con la ligereza de los sueños al despertar. Acompáñame si quieres, así podrás sentir algo más que el placer de la victoria, quizás así consigas obtener algo más amplio, algo relacionado con la posesión del vencido.

Como quieras hazlo, pero no hables, ni tan siquiera sonrías demasiado. Ahuyéntame cuando te hayas cansado, igual que se ahuyenta al cuervo, al carroñero de mal agüero, al vil rapaz. Y déjame quieto, a jirones, siendo nube entre la luna y el viento...

Déjame en silencio.

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