11/30/2007

Nuestras almas se hallan en pie de guerra, seamos libres en el fragor de la batalla. El tiempo nos amenaza a golpe de segundero, pero no es sino el recurso fácil. No temamos al tiempo, no hagamos que nos tema él, saboreemos cada segundo como el inicio de un porvenir distinto. En mi paladar se mezclan los sabores de lo impredecible, del imprevisto, y los relojes me devuelven horas huérfanas de pena, me devuelven días de lucha.

También podemos buscar la libertad en el dolor de la carne, en el endurecimiento de ésta, y en la sangre que la nutre. Seamos libres en la sangre que alimenta nuestros pulmones, nuestros corazones que gritan a una la necesidad de elegir su propio destino. Vivimos en prisiones con puertas abiertas, y no queremos salir. Atentemos contra la costumbre, contra lo canónico, y hallemos en los latidos a viva voz la canción que nos eleve sobre los sórdidos gemidos de la ciudad.

Yo soy libre en las palabras, en los alaridos de una realidad salvaje que devora con sus fauces la fantasía que agostea, ya que en mi imaginación siempre hay hueco para la primavera. Lloremos, gritemos, apoyemos la lucha que en nuestros adentros se crece, se crece contra los límites autoimpuestos. Tenemos que escuchar, escuchemos nuestra propia voz con los ojos y la boca cerrados, pues ahí encontrarán paz nuestros deseos.

Los designios que buscamos están implícitos en la nobleza de nuestros actos, la divinidad a la que nos encomendamos también reside en el interior y exterior de nuestros cuerpos. En la carne, en la sangre, en el alma misma, que erguida sobre sí y sus derrotas no se rinde. ¿Por qué deberíamos rendirnos nosotros, pues, cuando desde adentro nos impulsan?

Seamos libres en nuestras voces, en nuestras palabras de nuevo... Seamos libres desde nuestra voluntad para serlo. Siendo sinceros, seremos libres; seamos libres siendo sinceros.

11/27/2007

La melodía de la canción que me enseñaste sigue llenando el aire que rodea mis oídos. No puedo hacer otra cosa que amarla. La voz rasgada que implora sueño, y descanso, me recuerda que yo también lo necesito. No obstante, puedo fundirme de nuevo en cuadros que enmarcan atardeceres naranjas y sentir la hora mágica en la que este mundo y el otro se rozan, intercambiando sensaciones y la impresión de un día más.

Me siento en el acantilado de mi consciencia y me cuelgan las piernas. Bajo las plantas de mis pies solo el vacío, y un agua cristalina que refleja mil lunas de plata, hermosísimas todas, pero hay una que destaca. A mi alrededor se extiende el mundo que las palabras que he invocado han construido para mí, para rendirme un tributo que no creo merecer. Esas palabras que escribí para otros, para otras, para vivos y muertos. Esas palabras que escribo y estoy escribiendo para ti.

Pensaba que había agotado la esencia, tenía miedo de haber exprimido demasiado el fruto que alimenta mi alma y calma mis desasosiegos. Pero solo era cansancio, y un poco de impaciencia para que se fuera esa sensación. Y se marcha, se marcha sin más porque ellas vienen a mí. Las amo tanto... ¿Qué haría yo sin ellas? Tan solo un día y mi interior se agitaba incompleto, ya ves cómo soy, ya sabes lo que soy.

A veces pienso en por qué me eligieron también a mí, y las siento responder que agradecieron que las escuchase. Ahora me siento pleno de nuevo, he creado, creé y creo... Continuamente, creo. Núcleos de emociones, núcleos vibrantes de visceralidad y humanismo que son, al mismo tiempo, estables y espirituales. En el medio no sé qué hay, solo sé que ambos extremos conviven. Ya no coexisten, conviven y me proporcionan el cobijo que tanto anhelo. A mí, y a mis sueños.

Puedo mirar tras la ventana, y debo hacerlo... No veo muros. Quiero hacerlo. Impulsos indefinibles se preparan en mi estómago y suben a una velocidad que ridiculiza al vértigo, escalando por el lugar en el que se anudan la euforia, el llanto, la risa que duele cuando es mucha y sincera... Sí, por ahí escala, y clava sus zarpas pero no duele, no duele... Enardece.

Me siento caminar como por un sueño, será por eso que floto en esta realidad... Mis piernas cuelgan y se balancean contra el vacío, el aire está constituido de versos y la luna que más destacaba acaba de ponerse a mi lado para cogerme la mano.

Será por eso que siento como que floto... Será por eso...

Merece la pena esforzarse por superar un reto, y merece la pena cumplir una promesa. Merece la pena esculpir silencios con palabras y observar tu seriedad, con la que intentas disimular cuánto te estás cansando de estar en esa posición. El temblor de tu brazo te delata. Son necesarios los segundos que separan nuestras bocas, para que pueda echarte de menos en esos veinte centímetros. Es necesario oírte reír cuando te hago caer sobre mi colchón.

También era importante intentar aquello, porque ahora me he dado cuenta de qué puedo conseguir. La dedicación de estos días me otorgará la visión que tanto he esperado.


Mi capacidad perfectamente encuadernada en un montón de páginas, y el título que acordamos deseando ver la luz. Espero no ser de una sola cosecha, para que en mi memoria no se llenen de polvo las estanterías donde guardar los recuerdos de tus abrazos y caricias. Para que siempre haya títulos que prometer y promesas que cumplir.

Merece la pena, también, dar las gracias.