7/11/2007

Parece que no me siento inspirado pero, por una vez, no puedo esperar paciente ya que cada minuto es crucial. Ha sido un tiempo corto, tan corto como pleno. Por eso no puedo dejar escapar esta oportunidad. No sé cuándo volvería a estar frente a esto y miraros a los ojos sabiendo que lo habéis leído o, al menos, contando con la posibilidad de que lo hagáis antes de que me haya marchado.

No puedo evitar sentiros más lejos a cada día que pasa, como una melodía que se aleja conforme la canción se acaba. Poco a poco se atenúa hasta llegar a un silencio plomizo que, generalmente, nos hace suspirar. Temo a ese silencio, al final de esa melodía y a los últimos compases de la canción que se ha compuesto en estos días.

Sin embargo no hay de qué quejarse ni por qué protestar. No hay pesares ni peros, únicamente la decisión de partir y el respeto de mi elección. Es lo que quiero, me repito constantemente, pero una punta de acero se inserta entre mis costillas por el lazo izquierdo, aunque después de todo no está tan lejos... Tal vez todo dura cuanto debe durar y cada cual vive el tiempo que le corresponde. Puede que nuestro tiempo esté decidido desde el primer segundo pero que tengamos libertad plena para hacer con él lo que queramos.

Cada uno me recordáis un poema distinto y asimismo un verso único del mismo poema. Un instrumento indispensable, un engranaje vital. De tus ojos negros se me llena la pena si me asomo a tu mirada y busco tu sonrisa para vaciar en un cubo de alivio la desazón provocada por un llanto latente que se derramará, a todas luces, pronto. Sé que a veces he sido algo duro contigo... No tomes esta frase como un remordimiento sino como un recordatorio. Solo se exige de quien se espera.

De tus sonrisas la inquietud por la marcha inminente y la alegría de que esté siguiendo un camino que siempre ha parecido ser el mío. Así como la angustia que compartes. Del gesto de tus hombros la comprensión de lo que ocurre y el saber que a pesar de las palabras que puedas decir no hallaré más alivio del que pueda encontrar en tus manos o carcajadas. Sigue entrenando, día a día y no lo dejes por duro que sea.

En tu silencio buceo para intentar saber qué piensas. Puede que tú no pienses nada en este sentido, puede que sí. Que te acordarás de mí es seguro, el que descubrió el fubolista latente de tu interior. A lo mejor con los mechones de tu pelo cubras algún día tu cara al echarme de menos. Ya veremos si es así...

De ti, tu felicidad constante y tu desparpajo no extraigo nada más que la pura esencia de lo que sé que creo que eres y el sentir un éxtasis contagioso de que todo puede ser risa siempre que queramos. Aún así, en tus bromas y gracias, imagino tu rostro con porte solemne esperando verme pronto de nuevo. Tan pronto como sea posible. Y tú, solo me quedas tú... Te conozco lo suficiente como para saber que me darás un abrazo y dirás algo que nos haga rr a todos disfrazando la tristeza y recordando que todo esto tiene más de hasta luego que de adiós. Aunque en mí habite el temor de lo segundo y piense que pueda ser igual en vosotros.

Ha sido genial. Y espero que así siga, hasta que el tiempo convierta mi memoria en ceniza. Porque el mundo está en mis retinas y Zaragoza en mis adentros.

7/01/2007

Tenía que hacerlo. Debía darme prisa, lo sabes... Y no podía perder tiempo en buscarte. No, no es que haberte encontrado haya sido una pérdida de tiempo, es que si no llego a conseguir que se reuniesen tú y yo habríamos acabado en a saber dónde y, seguramente, separados. Da igual, el caso es que están aquí. Todos juntos. ¿Te has fijado? Puedo ver sus auras.

De momento son solo esferas de distinto color, pero ya es más de lo que antes podía observar. Ahora sé cuáles murieron y cuáles no. Cuáles me ven y para cuáles soy inexistente. Las veo revolotear. Son como pequeñas hadas que, cuando se alegran, se juntan y se arremolinan formando un arcoiris.

¿Que cuándo se alegran? Cuando ven que les ves; cuando escuchan que les hablas; cuando comprueban que les escuchas. Están tan perdidas en esta inmensidad grisácea, sumergidas en este enorme maremagnun de grises, de ruidos, de ajetreo... Y lo único que quieren es ser vistas, jugar con las manos de los que se arriesgan a capturarlas para saber cómo es su tacto.

Son tan cálidas... Tú ya lo sabías, ¿verdad? Es increíblemente gratificante ver cómo ascienden persiguiéndose unas a otras dando forma a un remolino de color y estallar en minúsculos puntos de esperanza brillante y luminosa caída. Se desparraman sobre el espacio, resbalando contra el aire hasta disiparse por completo. Me entristece un poco y me sobrecoge totalmente.

Puede dar pena, e incluso llegar a hacer llorar, pero es su forma de dar las gracias por salvarlas... Son almas después de todo.

6/14/2007

Sonrío con las comedias románticas, y además de verdad. No sé por qué pero ahora mismo me hallo en el salón de esta casa solitaria y oscura viendo una de esas películas y me doy cuenta de que mientras el chico se acerca sonriente a la chica para besarla y ésta se estremece yo aprieto mis dientes contra mi dedo pulgar, sin hacer daño, tan solo apoyando, mientras sonrío... Sí, sonriendo.

Es algo que me llena de euforia, de emoción, de un sentimiento de alegría que me hace creer en la belleza de la vida, de los segundos de cada minuto y los minutos de todos los días como un filón por explotar. Podría decirse que una fuerza me embarga, una fuerza que a pesar de estar llena de ilusión no es ilusoria. Pero ocurre algo al pensar en ello y es que todavía queda pasar esta noche.

Ayer dormí bien porque hubo tormenta y el poder de ésta, así como su sonido temperamental, me relajaron y pude descansar... Pero qué ocurrirá hoy en esta casa llena de su presencia, de su habitación al final del pasillo con la persiana bajada dejando una triste luz bañando la que fue su cama. La cama donde durmió, las sábanas donde vivió sus últimos sueños. No puedo verla y sin embargo miro y siento que está ahí.

El gato que se coló en casa lo confirmó. Pudo haber ido a cualquier habitación pero no lo hizo... Solo fue ahí. El caso es que tengo miedo. Estoy solo... Es oscuro, todo está oscuro. Enciendo las luces, todas, y las voy apagando poco a poco. Hasta que una zona no está iluminada no es segura. Siento que en la penumbra que dejo detrás se arremolinan los espectros que desean verme caer, llevarme con ellos. Podría arriesgarme a decir que son solo imaginaciones mías, que no existen, pero lo único que imagino son sus rostros.

O su rostro. En estos días he estado pensando en la imagen de una mujer joven, vestida de blanco, arrastrándose por la casa, observando desde detrás de mí cómo me preparo la comida y me siento a la mesa mientras pienso en lo que daría por hablar con alguien que no fueran los gatos salvajes que vienen a comer a la terraza... Terraza por la que la imagino vagar cuando el insomnio, provocado por la tensión y el miedo, me ataca por las noches.

Incluso temo encender la luz cuando no puedo dormir pues puede que esté ahí... Y al otorgar su esencia esa bombilla pueda verla por fin cara a cara con ojos tristes y sonrisa macabra diciéndome "ya era hora, tenemos que irnos" mientras se aleja riendo... A cada puerta que abro la busco con mis oídos. Y también a él. Él está, pero él es bueno. Abuelo no me haría daño por nada del mundo... Pero ¿cómo se ha colado esa imagen en mi cabeza? ¿Por qué esa mujer? ¿Por qué ha de ser malvada?

Ya son las cinco de la mañana y... El alba empieza a ganarle terreno a la noche y a la que parecía su imperturbable aliada, la oscuridad. Se proyectan sombras plateadas gracias a la luz de una Luna que se despide de mí para saludar al Sol. Se acerca el alba y ya me tranquilizo sintiendo que ella ya no podrá cogerme; sintiendo que me libro una noche más... Sin embargo tal vez algún día debamos vernos las caras... Para no tener que huír del miedo, ni de ella. Ni temer a la hora de dormir ni desear que ya haya amanecido cuando se interrumpe mi sueño.

¿Quién es? ¿Por qué es? Pesa tanto el silencio...