1/28/2006

Ciégame... Vamos, no lo dudes. ¡Hazlo! Venda mi mirada sin taparme los ojos. Recorre mi sangre, enardece mis sentidos, hazme enloquecer. Haz que se evapore la hemoglobina de mis venas, que se dilaten mis músculos, que mis huesos se fundan.

No me hagas reparar en culpabilidades absurdas, en egocentrismos baratos, ahora me entrego a ti en compromiso eterno. No me guardes rencor, no te dejes guiar por las veces que te abandoné. Quiero que seas mía, solo mía... Del mismo modo en el que yo seré solo para ti.

Te entrego mi alma desnuda para que domines mi cuerpo, mi humanidad patética, mi odio reprimido. Joder, qué coño pasa... No quiero explicaciones, zorra, quiero que me poseas. Quiero ser la extensión terrenal de tu poder en esta puta Tierra.

Vamos, ven a mí... Estoy buscándote... Veo que sonríes, estás jugando conmigo, moldeas mi ira a tu antojo.. Solo soy tu marioneta y eso te gusta... Yo lo acepto... Poséeme, vamos... Me regalo a ti en mudo compromiso.

Escribo en sangre... Rabia, desvirga mi moral de una puta vez.

1/27/2006

Eh, eh... Sí, vosotros... Cabrones, a dónde ibáis... Os he visto trepando por la pared, rodeando mi vergüenza con saliva de odio. Malditos traidores. Judas camuflados de silencio; declaraciones sin remite, pecados sin pecador.

Queríais apuñalar mi corazón por la espalda, como al César su propio hijo, yo que os alimenté, os di vida y cobijo y así me lo pagáis... Cuervos, eso sois, odiosas aves de rapiña. Queriendo huir no sin antes humillarme.

Me he dado cuenta a tiempo, pero no puedo evitarlo. Sois el hijo pródigo, el asesino perdonado por su arrepentimiento, el Caín autocondenado y saciado de penitencia. Las nubes pasan rápido y me dicen que os tire al aire, que ellas os cogerán y os fundirán con lluvia transparente y os repartirán por igual. Cubriendo mi piel, llenando los vasos vacíos de esperanza.

Una lluvia roja, sangrienta de esarlata en un atardecer carmesí de verano enloquecido. De primavera extasiada y otoño de resaca; de invierno jamaroso. Se me ha roto el cerebro en dos. Se me separan los hemisferios, se subdividen pero no duele.

Tú me abandonas... Espérate, cabrón, que no soy rencoroso pero tengo muy buena memoria. Y vosotros, no sigáis reptando por mi alma, que a cada paso que dáis me arrancáis la piel de la memoria, robándome recuerdos, haciendo heridas en el espíritu.

Silencio me abandona, y los secretos se ríen de mí. Cuervos odiosos, aves de rapiña.

1/26/2006

A saber qué le respondo al sol si me ve con esta sonrisa. Y qué le dirá a la luna cuando se acabe su día de trabajo. A saber, porque no sé y no quiero saberlo. Puede que me esté siendo infiel pero este éxtasis no se compra ni se vende. Ni tampoco se regala, viene a ti y de sorpresa.

Qué emoción, Dios mío... Qué emoción. No sé qué pasa, pero mi espíritu rebota contra los huesos de mi cuerpo, noto que hasta la hemoglobina se ha alterado. Mis venas no pueden más. Qué clase de euforia es esta... Que me llena la boca de aire pero no me apetece gritar.

Solo reír, reír por qué o de qué. ¿De quién? De mí, puede ser. Ahora mismo me parece todo tan sencillo, tan sin más tan sin menos. Si da igual, si no quiero nada más que verte por aquí o verme por allí, deslizando mi piel contra el roce del aire en mi carne azul reflejada de cielo.

Me tiene el alma hambriento de atardecer, de renacer, de ansia de Fénix o de sueño interrumpido. Con extraño afán de reanudar el punto en el que nos despertamos... Con avaricia y ganas de volver a soñarlo para tenerlo más cerca y acariciar la felicidad en los prados de Morfeo.

Todo parece un sueño, ahora mismo puede que hasta lo sea. Con el horizonte maquilladito de gris lejanía y azul confuso, vestido con mudas de horizonte y perfume a destino inalcanzable. Ribeteado de pájaros negros empequeñecidos por la limitación de la vista del hombre.

Está en su sitio el mundo, pues, ya que los edificios no se estiran contra el viento, ni quieren arañar al sol ni asustarme. Se quedan donde están, por lo visto ahora mismo el mundo está en su sitio.

El suelo no tiembla, parece firme y yo siento que veo las formas del aire, el color de mi entusiasmo y noto la magia flotar por dentro de mi cabeza y deseo. Y deseo no parar nunca, porque veo que vuelo y vuelo donde quiero, donde más lejos, donde no haga falta explicar nada. Y nada quiero necesitar para no echaros en falta, y me falta un no sé qué de qué que la veo tan sublime y por eso le escribo cartas todas las noches y la llamo tristeza.

Y tristeza está hoy triste porque me ve alegre, y alegres celos los suyos que me interrogan de dónde vengo, que qué he hecho y que ya le lloraré después pero... Ahora mismo solo puedo dedicarle una sonrisa.