2/16/2009

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Llorarás la inconsciencia del padre, ¿su ausencia quizás? Puede ser, puede ser que sí, pero no quiero transmitirte un soplo de abandono al exilio, no quiero invitarte al éxodo de tus pasiones ni del sentimiento. No quiero que pienses cuán cobarde fui o cuán valiente pude ser. Solo que soñé ser libre.

Soñé con escribir mi tiempo en un eje distinto. Puede que algún día en tu interior sientas cómo tus entrañas se contraen periódicamente en espasmos molestos, sin llegar a dolorosos, en los que parece que desde tu estómago se abre un vórtice que trata de absorberte. Hijo mío, es tal la angustia, ahora no sé si podré salir, no sé si cuando leas esto pude hacerlo. Pero te juro que quiero. ¿Es acaso que no doy el paso necesario?

Es pues el miedo. El miedo de sentirse inútil, retrasadamente distinto del resto, es el dolor terrible que engendra el no haber cumplido las expectativas. Hijo mío, jamás, jamás te dejes vencer porque yo, de un modo u otro, estaré. Estaré aunque mi carne ya sea el suculento manjar que vuelva a la tierra. Llamaré a las almas de los que te amaron y se fueron para que acudan a tu ruego, para que subsanen la desesperación, y yo iré con ellos, y con otros, con los otros que te amaron también y que me amaron a mí. Volveremos a elevarte cuando caigas, cuando tengas miedo, eso mismo, miedo, susurraremos modestia y bravura en tus oídos.

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2/07/2009

A la noche oí que del campanario llamaban en lúgubre canto a nuestros nombres. Escuché el tañido quejumbroso y serio de cuando tocan a muerto, y tuve miedo al escuchar que me miraban y decían que el óbito era por ti y por mí, y también por quien alimentó nuestros corazones.

Solo fue un momento, luego el sonido serio y lúgubre, el tañido quejumbroso y claro, se alejó con su solemnidad hacia otra casa, hacia otra cama, hacia las entrañas en las que se fraguó algún otro hogar.

Hacia otras personas que ya estaban obligadas a admitir que la vida sigue, y que no hay más que seguir con ella, aunque sea a pecho roto y el corazón aplastado, como una fresca baya de sangre en el calor del verano.

2/05/2009

Tú te vas a buscar la paz con el padre y yo mientras me quedo con la sangre de mi sangre agarrada del brazo, llorando lo mismo que yo estoy a punto de liberar, cuando la presión donde se unen nariz y frente sea inaguantable.

Tú te vas a buscar la paz con el padre que se fue hace tiempo, y yo me quedo a punto de llorar, con mi hermana arrasada y un remolino que me aleja de todo, lentificando mi corazón y acentuando su pulso de campana de réquiem.

Tú te vas y espero que vayas feliz y tranquila, que tu alivio sea en proporción a nuestro sufrimiento... Y me pregunto qué hacer con la sangre hermana, mientras llora apretada a mí, sin consuelo alguno y con dudas y culpa dirigadas a la par hacia la imagen de Dios.

Tú te vas y yo, cuando despierto, veo en las nubes el rostro de un lobo que me mira, jadeante y al tiempo con una sonrisa.