5/04/2008

Continua y suave, constantemente discurriendo sobre los cuerpos expuestos. Deshaciéndose de lo muerto, reconciliando lo nuevo y lo viejo. Mientras escucho me dejo llevar hacia otras calles, a otros rincones que mis pies conocen bien, y también a otros que son favoritos de mis manos.

Escucho cómo el ciclo de revitalización se prodiga en sus sonidos y conquista mi olfato. Huele la piel de la tierra, su corazón, y las plantas y las hierbas también vuelan en vigor de clorofila y verde oscuro y otro brillante, según imperen sombras o emisarios erguidos, tiesos de acero, de la luz en el jardín.

La noche cerrada de nubes negras, risa de esperanza al crepitar característico, único, al burbujear fugazmente. Derramando un llanto que es una melodía.

Afuera llueve.

4/27/2008

Ahora tienes que descansar, respirar tranquilamente, recrearte en el sudor. ¿Cuánto tiempo llevas portando esa maleta en la que no hay ropa ni hay nada? Solo los trozos de ti mismo, porque estás repartido en ella como un rompecabezas que, a menudo, se torna imposible.

Ahí dentro está el interrogante a tu existencia. Mejor aún, está el interrogante a la existencia. Tienes que tomarte un tiempo, disfrutar de los suspiros agotados de esfuerzo que son el testimonio de tu extenuación. Mírala dormir desnuda, tan empapada como tú de agua y sal, y cómo las sábanas y el edredón se oscurecen al beber de su piel. Que también es la tuya.

Pregúntate si estará soñando mientras te fijas en sus párpados marrones y las pestañas negras, y si de verdad está tan tranquila y en paz como parece. Puedes martirizarte entonces con otro tipo de cuestiones, por ejemplo si existe motivo alguno por el que deba dejarse llevar así, confiando ciegamente, con los ojitos cerrados a este mundo pero inabarcablemente abiertos a otros. Otros en los que te da miedo entrar.

Porque lo que quieres es que se te lleve el aire en alguna ráfaga suave de primavera, que se hinchen tus alas y, luego, cuando ya estés bien alto, te vayas haciendo polvo y ceniza. Entonces a lo mejor esperas que te inhale con auténtica fruición, y te tenga dentro en su sangre y sus pulmones. Así no te importaría que sea, porque tú ya no estarías, y entonces sí podría sentirse a salvo. A salvo de ti, que así lo crees.

Claro que puedes meter los dedos en la llaga de tus miedos dudando de esta manera. Pero tú verás, desde luego es cosa tuya, y ya me dirás qué tal cuando esa maleta de la que antes te hablaba esté demasiado llena de ti, de recuerdos estigmáticos y verbos en forma condicional. Puede, si eso llega a ocurrir, que entonces desees estar de nuevo en tu cama, viéndola dormir y pensando en volver a hacer el amor.

Por eso te digo que debes descansar, que el mundo se apague en ti de vez en cuando, que te veas solo, libre de cualquier carga y peso. Es el único modo de ver con claridad. Ahora, sin embargo, deléitate con el resbalar de tu mano sobre su cintura bañada por el barniz inevitable del calor.

Vacía el contenido de tu viaje y aviéntalo lejos. Ya veremos qué pasa luego. Luego, cuando estés rendido de cansancio. Y no cargues con nada, solo sé tú, y sé en ella. En esa chica que acaba de abrir los ojos para comprobar que seguías ahí, que seguías mirándola. Velando sus sueños.


4/23/2008

Cuando vuelva a casa quiero que me nutras con tus lágrimas, mientras me amamantas con tus iris oscuros. Cuando vuelva a casa quiero que me esperes trémula, blanca casi pálida, con una sonrisa temerosa de pronósticos penosos. Cuando vuelva a casa quiero que me ames como a ti misma, pero que me digas cuánto me odias.

Cuando cruce el umbral hacia el hogar deseo que le quites la parca sombría a mi alma, y que la lances al fuego de la lumbre primaveral. Ya arde mi corazón. Cuando esté acomodándome en tu identidad más profunda deseo que me hieras, con crueldad y salvajismo, para que la brutalidad externa no me duela.

Cuando salga de nuevo quiero que me prometas que nunca más me dejarás entrar, que me jures que si me marcho es para no volver. Quiero, entonces, ver pétalos de clavel rodar por tus mejillas y cómo las sonrisas, temerosas de pronósticos penosos, se envilecen en unos labios fruncidos, tensos y marfíleos.

Todo eso quiero cuando yo vuelva a casa. Cuando estemos haciendo el amor.