9/17/2007

Si ha de llover que sea tormenta, pensó mientras se asomaba a la ventana. La lluvia de tormenta le gustaba más. Era menos constante pero más pasional y golpeaba con más fuerza. Tenía la impresión de que limpiaba con más ímpetu la suciedad. Y que el olor a tierra mojada era más intenso y ese era un dato determinante. El olor a tierra mojada le limpiaba el alma. Eso es lo que pensaba.

Los primeros truenos llenaron sus oídos de esperanza. Bajó a la calle tan rápido como pudo y se puso a buscar un lugar agradable en el que tumbarse de panza al cielo. Si todo iba bien se empaparía pero no le importaba. Quería ser uno con la tormenta y que el agua de ésta lo limpiara por fuera y por dentro.

Las primeras gotas resbalaron de las nubes y acariciaron su rostro. Poco a poco cobraron fuerza las siguientes y el golpeteo empezó a ser constante. Rió de buena gana, alborotó con ilusión y sonreía de pleno regocijo. La lluvia estaba cubriéndolo con un manto de humedad purificante. Todo estaba yendo bien, maravillosamente bien.

Inspiraba cada vez con más fuerza hasta que casi llegaba a marearse. Ese aroma que llega tan adentro de sí mismo lo transportaba a un país de recuerdos y memoria pendiente. La lluvia amainó poco a poco y la negrura de las nubes tormentosas se fue diluyendo en la lejanía. Cuando creyó que estaba lo suficientemente limpio subió a su casa.

Alguien le preguntó que por qué se había quedado tumbado en el suelo del parque durante la tormenta. No hizo caso y volvió a su casa, a la ventana donde había visto nacer a la tormenta. "Para no presentarme sucio ante ella".

Acto seguido saltó la barandilla y se precipitó al vacío desde el séptimo piso. Había que estar impecable para cruzar al otro lado del lago.

9/04/2007

Es un lugar de parada obligada para las almas en tránsito al cielo. Es un lugar de parada obligada a los cuerpos cuyo sitio aún está entre los mortales. Ubicado donde Aragón ve nacer a los Pirineos este pequeño asentamiento se levanta en el fondo del valle rodeado de montañas. Un verde oscuro que se traga todo el gris acumulado en tu carne y en tu mente; paredes de roca blanquecina que dan cobijo a carroñeros y rapaces de majestuoso vuelo.

Respetado por la carretera que lo bordea en sus calles bulle la actividad de la que, en unos meses, solo guardarán secretos las piedras de las paredes y los cantos de un río que sufrirá el castigo del mes de julio. Paredes que se ven, ya, azotadas por un viento de soledad que únicamente ansía escuchar, de nuevo, el griterío juvenil de cuantos nos juntamos ahí para compartir el privilegio de tener un lugar específico en el seno de sus recovecos.

Recovecos, esquinas y callejones que en mi mente se antojan laberintos de color e historia. No puedes caminar sobre su suelo sin escuchar las leyendas que acuden a tu mente desde las sombras que el sol o la luna proyectan dependiendo de a qué hora te entregues al paseo. Bellísima luna que juegas entre las nubes baña de plata los balcones de mi casa, de la fachada en ruinas que anhela la salvación de quien la comprenda.

¿Qué cuento me dedicas hoy, hada bajada del bosque esmeralda que parecerá negro y metal si a Selene se le escapan los litros de plata que en su resplandor guarda? Regálame esa bóveda de estrellas que tanto echaban de menos estos ojos emocionados de verte; dame la oportunidad de ver cruzar el cielo a las lágrimas de algún dios que sobrevuela los tejados de este pueblo.

Todo el año amándote en silencio que ahora, sin abrir la boca, expresaré sonriendo mientras inspiro el olor sagrado a espliego, romero y tierra mojada. En invierno nos vemos, de nuevo, esta mi tierra amada.

7/11/2007

Parece que no me siento inspirado pero, por una vez, no puedo esperar paciente ya que cada minuto es crucial. Ha sido un tiempo corto, tan corto como pleno. Por eso no puedo dejar escapar esta oportunidad. No sé cuándo volvería a estar frente a esto y miraros a los ojos sabiendo que lo habéis leído o, al menos, contando con la posibilidad de que lo hagáis antes de que me haya marchado.

No puedo evitar sentiros más lejos a cada día que pasa, como una melodía que se aleja conforme la canción se acaba. Poco a poco se atenúa hasta llegar a un silencio plomizo que, generalmente, nos hace suspirar. Temo a ese silencio, al final de esa melodía y a los últimos compases de la canción que se ha compuesto en estos días.

Sin embargo no hay de qué quejarse ni por qué protestar. No hay pesares ni peros, únicamente la decisión de partir y el respeto de mi elección. Es lo que quiero, me repito constantemente, pero una punta de acero se inserta entre mis costillas por el lazo izquierdo, aunque después de todo no está tan lejos... Tal vez todo dura cuanto debe durar y cada cual vive el tiempo que le corresponde. Puede que nuestro tiempo esté decidido desde el primer segundo pero que tengamos libertad plena para hacer con él lo que queramos.

Cada uno me recordáis un poema distinto y asimismo un verso único del mismo poema. Un instrumento indispensable, un engranaje vital. De tus ojos negros se me llena la pena si me asomo a tu mirada y busco tu sonrisa para vaciar en un cubo de alivio la desazón provocada por un llanto latente que se derramará, a todas luces, pronto. Sé que a veces he sido algo duro contigo... No tomes esta frase como un remordimiento sino como un recordatorio. Solo se exige de quien se espera.

De tus sonrisas la inquietud por la marcha inminente y la alegría de que esté siguiendo un camino que siempre ha parecido ser el mío. Así como la angustia que compartes. Del gesto de tus hombros la comprensión de lo que ocurre y el saber que a pesar de las palabras que puedas decir no hallaré más alivio del que pueda encontrar en tus manos o carcajadas. Sigue entrenando, día a día y no lo dejes por duro que sea.

En tu silencio buceo para intentar saber qué piensas. Puede que tú no pienses nada en este sentido, puede que sí. Que te acordarás de mí es seguro, el que descubrió el fubolista latente de tu interior. A lo mejor con los mechones de tu pelo cubras algún día tu cara al echarme de menos. Ya veremos si es así...

De ti, tu felicidad constante y tu desparpajo no extraigo nada más que la pura esencia de lo que sé que creo que eres y el sentir un éxtasis contagioso de que todo puede ser risa siempre que queramos. Aún así, en tus bromas y gracias, imagino tu rostro con porte solemne esperando verme pronto de nuevo. Tan pronto como sea posible. Y tú, solo me quedas tú... Te conozco lo suficiente como para saber que me darás un abrazo y dirás algo que nos haga rr a todos disfrazando la tristeza y recordando que todo esto tiene más de hasta luego que de adiós. Aunque en mí habite el temor de lo segundo y piense que pueda ser igual en vosotros.

Ha sido genial. Y espero que así siga, hasta que el tiempo convierta mi memoria en ceniza. Porque el mundo está en mis retinas y Zaragoza en mis adentros.