12/08/2005

Ya es de noche ahí fuera. Está todo muy oscuro, tanto que hasta da miedo. Se distinguen las casas como siluetas siniestras que apenas distiguen su negrura de la de la propia noche. Tiene pinta de hacer un frío de la hostia, pero no voy a comprobarlo. Al menos no de momento.

El exterior está paralizado, como si hubiera intoxicado al tiempo con una neurotoxina casi letal. Hasta los coches que se mueven, más que alterar esa calma casi abiótica, no son más que la reiteración de esa quietud a la que todos llegaremos en algún momento de nuestra vida.

Es irónico, en algún momento de nuestra vida llegaremos a nuestra muerte. Sin embargo, lo que transcurre al otro lado de mi ventana no entiende de grandes frases, ni de metáforas. Ni siquiera comprende la literatura, ni la poesía ni la matemática. A pesar de estar compuesto por ello.

Siento la tentación de quedarme embobado mirando a través del cristal, seguramente mirando a ningún lugar en concreto pero viéndolo todo. Todo lo que mi retina, como su propio nombre indica, sea capaz de retener. Ir posando mi mirada de farola en farola, y de paso moldear algún versito fugaz que por pereza pasará a formar parte del olvido porque no me saldrá de los huevos apuntarlo en un papel.

Bueno, supongo que ya es suficiente. Ahora el horizonte queda definido por una línea de luces titilantes que se extienden hasta fundirse con la propia noche o, quizás, con el amanecer del otro lado del mundo.

Frustración

Quiero beberme una deliciosa cerveza, pero no puedo. No puedo por culpa de los putos antibióticos de los cojones. Es una mierda imaginarse el sabor amargo, pero tan agradable, de la birra y no poder tomarla porque lo mismo te revienta el corazón por culpa de las putas pastillas para la tos.

Eso sí jode, ver algo que puedes coger y disfrutar pero no poder porque lo mismo la palmas por listo. Cuando hay algo que no puedes aprehender y por consiguiente no puedes disfrutar te jode, pero no es lo mismo porque al no saber exactamente qué es, el sentimiento de frustración no es del todo algo cierto. No es más que una conjetura o una imaginación...

Sin embargo verla ahí, en la nevera, y saber qué es lo que me pierdo... Me jode. Puto tratamiento de mierda... Bueno, para la semana que viene fijo que habrá acabado.

Sería, quizás ahora, un buen momento para pedir disculpas y proponer nuevas intenciones. Pediré disculpas por haber tratado todo este tiempo de hablar de cosas que no conozco con tal de sentir que soy capaz de alcanzar una profundidad considerable a la hora de escribir.

Sin embargo, y no hace mucho, vi, y de casualidad, que al hablar y escribir de cosas que no conozco, y que por consiguiente no comprendo, lo único que conseguía era un algo superficial que sonaba bien pero que luego no era más que hueco. Sí, soy torpe.

También creo que es buen momento para pedir disculpas por creerme especial al ser capaz de hacerte sonreír, pero se me concedan o no esas disculpas yo seguiré intentando hacerlo pues me encanta ver que sonríes. A pesar de todo, sí.

Hace unos días tuve tiempo de observar ciertas cosas. Sin ir más lejos hoy mismo. Acabaron ayer de pintar mi habitación y me ha tocado recoger. Estaba solo en casa así que he conectado bien el ordenador para poder poner música. Había un eco impresionante. No sé por qué he puesto una compilación de distintas canciones de distintos grupos y al llegar a una en particular el sonido del recuerdo era mucho más que ensordecedor.

Porque existe un momento en mis pensamientos en los que cambia todo drásticamente. En pensar si sí o si no. Si te quiero todavía, si es que no. Y mientras tanto, James Blunt me sugiere algo que deseo desde hace mucho. Llora, me dice. Cry, cry.. Pero no puedo.

También creo que puesto en esto debo ser sincero. Porque, después de todo, somos nada y en realidad nada nos queda. Y debo ser sincero al decir que llevo mucho tiempo, creo que desde que empecé a escribir, intentando que vuestras lágrimas sean la confirmación a mis palabras. Sé que decirlo así suena realmente extraño (y pretencioso), pero he centrado mis sensaciones, y a veces mis sentimientos, en palabras que he orientado de una forma con la que creía que sería capaz de crear ciertas reacciones en quien lo leyera. Mi motivación estaba equivocada.

Así que he pensado en escribir de mí, sobre mí y mi vida. Sobre mi entorno, sobre lo que puedo conocer de una manera más fácil. Quizás la espiritualidad se halle al no tratar de buscarla, porque es en lo más sencillo donde está el gusto; porque es en los detalles donde queda la esencia, esa esencia vital que nos empuja para no pararnos.