11/18/2005

¿Y bien? Ahora me siento ¿feliz?, Pero y qué, si en unos momentos volveré a descender estrepitosamente hasta impactar contra el suelo o, en el mejor de los casos, volver a sentir esto que ahora siento y volver a subir... Entonces qué, ¿me resigno?

En fin, hacer eso además de cobarde sería una pérdida de tiempo, como temer a la muerte.

Que no sé qué escondes tras esa sonrisa. Si el secreto, o el deber, de dejar que guarde la ilusión mientras piensas que aún soy un niño y debo creer aún en la magia de ciertas cosas que creo sagradas. No sé qué piensas cuando sonríes así; si piensas que eres más oscuro que yo y por eso te ríes de mi ingenuidad o sencillamente te ríes o sencillamente no lo haces.

Tras esos ojitos marrones que cambian con la luz. No sé qué pretendes decirme, con ese gesto de tu rostro, mientras guardas silencio. Porque me da la sensación de que te crees tan listo que me dejas por imposible hasta que crezca un poco y el tiempo, o la experiencia mejor dicho, me espabile.

Y entonces es cuando te odio si sé que piensas eso. Y yo me río entonces y te insulto y te digo que tú sí eres tonto, arrogante y toca cojones. Mientras me pregunto qué es lo que escondes tras esa sonrisa y me doy la vuelta y detrás de mí solo queda un espejo que observa cómo mi reflejo se aleja atravesando la puerta y apagando la luz.

11/16/2005

La forma de hacerlo es fácil, lo difícil es acostumbrarse. Presiona con el cañón justo aquí, donde la nariz se une con el hueso frontal del cráneo, y haz un poco de fuerza. No es algo agradable, así que míralo a los ojos desde el primer segundo hasta el último, no le dejes llorar antes de morir.

Ahora, aprieta el gatillo. El ruido del disparo te hará recordar todo esto, solo la costumbre conseguirá ensordecer el recuerdo.