10/10/2005

Cubierta por un blanco haz, por una tela pura y pulcra como lo es ahora su alma. Con un semblante tranquilo, sin preocupación ni miedo. Solemne, en un silencio solemne se la ve en calma. Esperando algo, recorriendo un camino.

Sus labios enrojecidos resaltan el blanco harina de su rostro. Los párpados cubriendo los ojos, y las pestañas largas y negras. Vestida de blanco, quizás parezca tensa. La luz que la ilumina desde arriba hace que casi resulte invisible, pero su belleza transparente evita que cualquiera resulte inmune a su encanto.

Se dirige, caminando lenta pero decidida, hacia una meta que la marcará ya para siempre. Sus delicados pies no asoman por debajo de esa tela blanca, que la protege y la anuncia como un ser virginal y sagrado.

Cualquiera hubiera dicho que es la novia más hermosa que jamás visitó un altar, si no fuera porque la tela blanca es una sábana y no hay altar, sino que la muchacha está tumbada sobre una gélida camilla de acero gris.

Guardando silencio, un silencio solemne.

Tan falto de carisma, buscando mi rostro en un reflejo devorado por la luz e impedido por el contraste. Observando, desde las puertas del purgatorio, cómo dejo que escape en calma y libertad aquello que lo supuso todo para mí.

Comprendiendo así y ahora lo que perdí, comparándolo con lo que pude haber hecho perder. Comprendiendo así y ahora, que la humildad es un tesoro que perdí o, mejor dicho, que abandoné en algún lugar del pasado, debajo de una piedra para que no saliera jamás.

Caminando por los ríos del inframundo, desentrañando los secretos de uno mismo, observando lava a mi alrededor. No hay marcha atrás, ni tampoco deseo que la haya. Es posible que actuase por vanidad, por sinceridad o por una amalgama de ambas.

Pues bien, las consecuencias han sido asumidas en su plenitud. A pesar de que el recuerdo me empuje a una creencia falaz, presupuesta y ficticia de un posible futuro predeterminado por una fantasía que me reste culpabilidad.

Ahora sí puedo decir de veras que lo siento, y verme en el espejo mirándome a los ojos y decirme que más vale que ahora ella sea feliz, porque no tengo derecho a entrometerme. Ahora sí estoy preparado para vivir de nuevo, sin algo de mí pero recuperando lo que fui.

Con nuevas cicatrices, y heridas abiertas años atrás que es posible que nunca cierren, o que esperen a alguien. Aún así pienso en lo difícil que será volver a encontrar un cuerpo desnudo de ropa pero vestido y entregado en absoluta sinceridad.

El miedo me asalta, pero ya no me vence. Puedo darle la espalda al pasado más reciente y absorver de él todo cuanto me ha hecho aprender. Decidí, elegí y asumo. Una irónica versión del mítico lema de Julio César. Una verdad sagrada para mí.

Esperando dormir y encontrar debajo de mi almohada los sueños que expíen mis pecados y rediman mis faltas para poder descansar de nuevo. Ayer las lágrimas purificaron todo en mí, ahora me doy cuenta de lo que dejé, ahora sé que nunca más has de volver a mí. Porque no debes, y porque no quiero, porque no mereces eso de nuevo.

Hay cosas que no se pueden negar, no hay sentimientos que puedan ser malinterpretados ni besos que puedan juzgarse de infames o falsos. Sólo hay, para esto, una verdad posible que el llanto que me cogió desprevenido me hizo ver, justo cuando el escudo del autoconvencimiento y la mentira no estaban alzados en superficial defensa. Cuando ayer era yo, y cuando yo era un niño.

Esto no es una disculpa, ni un algo ni un nada. Sólo es un texto más entre cien mil millones de palabras entre las que intento que se puedan vislumbrar mis mejores deseos. Porque deseo que te vaya bien, porque deseo que alguien me abrace algún día mejor que tú...

Porque veo imposible encontrar de nuevo lo que una vez se presentó ante mí, pero porque también sé que no lo es. Ahora solo queda vivir, solo queda soñar. Jugué mis cartas en coherencia a lo que sentía y creí. De todas formas odiado y, después de todo, tan falto de carisma.

10/08/2005

Estoy llorando. Por fin he vuelto a llorar, poder vaciarme de mi odio a mí mismo, de mi rabia hacia lo que no comprendo. Por fin he podido desprenderme de algo, por fin he vuelto a sentirme humano. En cada lágrima expulso algo del dolor que me provoca ver que todo a mi entorno se desmorona, y que se desmorona por mi culpa.

Mis ojos rojos desvelan el secreto que mejor guardo, que sigo siendo un niño. He vuelto a llorar Dios mío, he vuelto a sentir lágrimas por mis mejillas y esta vez no era por impotencia ni por odio. Es porque sé lo que he hecho y porque por fin he tomado una determinación.

Sé lo que hice, sé de qué soy responsable y ahora por fin lo asumo... No puedo estar en tu vida sin tu permiso, ahora eres tú y soy yo... Me he dado cuenta de que no podía seguir arrastrando el pasado, porque tarde o temprano iba a ser el pasado quien me abosrviese a mí.

Ha sido tan extraño... Tan raro. Se me ha acumulado el esfuerzo durante el partido de fútbol, se ha acumulado la asimilación de lo que acarreaba la realidad de la que me he dado cuenta, ha sido la sonrisa de mi primo al verme y abrazarme, incluso la alegría de ver que mi perro se alegraba de verme.

Me he sentido tan protegido y a la vez tan vulnerable. Caín ha desplegado las alas y ha renunciado al veneno que le envenenaba la sangre, a mí y a él. El silencio de la casa me arropa, la alegría de volver a sentirme humano me impulsa a seguir llorando a echar toda la ira de mí, a vomitar en lágrimas toda la sombra que guardaba en el corazón.

Me he dado cuenta de cuánto miedo tengo, de lo que necesitaba... Y necesitaba llorar, necesitaba poder asegurarme de que tenía algo donde agarrarme, donde apoyar mi cansancio. Me siento tan tranquilo, sigo conservando humanidad en mí.

Y necesito más... Quiero desahogarme por completo, hoy creo que ya estoy preparado para mirar adelante... Hoy he vuelto a llorar.